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(NOTA acerca de las transcripciones de los videopodcast: Como explorador de las herramientas de inteligencia artificial, esta narración volcada en audio ha sido puesta en una de estas plataformas como fuente, indicándole que analice la situación y genere un podcast y video al respecto, con la finalidad de observar el servicio complementario que ofrece esta modalidad. Si bien estas plataformas admiten que pueden cometer errores, efectúo un seguimiento periodístico de verificación sobre el trabajo de investigación y campo: Carlos Calderón)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Noticias IPI)
Hola y bienvenidos. Hoy es jueves 20 de noviembre de 2025.
Hoy nos vamos a meter en un laberinto. Un laberinto burocrático, pero fascinante.
Totalmente.
Imaginen esto, un ciudadano, Carlos Calderón, que lucha por colocar una placa conmemorativa y consigue lo más difícil, ¿no?. La aprobación oficial. La aprobación de la Legislatura, la luz verde del Estado, pero justo cuando llega el momento de instalarla se choca, un muro, un no rotundo.Y lo increíble de esta historia no es el muro, sino el mapa. El mapa tan extraño que le dan para intentar rodearlo.
Para reconstruir todo esto, tenemos un par de fuentes. Hay una nota de prensa que nos da el panorama general. Pero la joya, la verdadera joya es una grabación. El audio de una conversación.
Exacto. Eh, una conversación clave dentro de la Defensoría del Pueblo. Así que nuestra misión hoy es bueno descifrar juntos ese mapa.
Entender por qué el camino lógico no funciona y cómo una solución que parece ir en contra de todo sentido común podría ser la única que existe. Y el lugar donde pasa todo esto es fundamental: la Defensoría del Pueblo, el Ombudsman. Esa figura existe para eso, para ayudar al ciudadano cuando el Estado, digamos, le da la espalda o le falla.
Claro.
Pero este caso es muy particular, porque no es el Estado contra el ciudadano.
Aquí una parte del Estado le dice: Sí. Pero la realidad le dice no. Y eso nos lleva a la pregunta de fondo que está en las fuentes. ¿Qué pasa cuando la voluntad pública, o sea, una ley, una aprobación, choca de frente con el derecho de un propietario sobre su pared?.
Exacto, es un nudo gordiano.
A ver, empecemos a desenredar el primer hilo y eso nos lo da el audio. Escuchamos a Carlos Calderón llegando a la Defensoría.
Y fíjate en el detalle, no llega diciendo: "Tengo un problema general". No, no. Llega buscando a alguien con nombre, Marcela, de Cultura. Es personal y para que lo ubiquen da su número de documento 11.110-330. Se lo da a otro funcionario: Ricardo, de Atención al Vecino. Ese simple acto de dar el documento ya lo hace real, ¿no?. Sí, tangible. Ya no es un expediente, es una persona. Una persona con un número esperando en un pasillo.
Es que esa es la cara real de la burocracia, la que no sale en los organigramas. Hum, creemos que es un sistema abstracto de reglas, de papeles, pero en el fondo es una red de personas. El que tu trámite avance o no, depende de si Marcela está, de si Ricardo se acuerda de tí o de si la persona que toma tu caso, bueno, lo entiende.
Claro.
Calderón no está luchando contra la administración. Él está navegando una red de relaciones humanas con nombres Ricardo, Marcela, Anabela...
Y en este caso esa red lo lleva a Anabela Valencia, que las fuentes describen como también del área de Cultura, y la saluda como la dramaturga. O sea, no es la típica abogada de traje gris. No, es alguien del mundo de la Cultura. Tiene sentido.
Y lo primero que le dice Calderón es: "Ya habíamos conversado en otra oportunidad". Importantísimo, porque nos dice que esta grabación no es el principio de la historia. Claro, ya hay un camino recorrido. Es un capítulo más de una saga que ya viene de largo.
Este hombre ya caminó mucho para llegar a este punto. Un camino que hasta ese momento parecía exitoso. Y es acá, en esta charla con Anabela, donde se revela el gran giro. Calderón le cuenta que viene de la Legislatura y que por ese lado ya está todo hecho. La placa está aprobada y lista. O sea, la parte difícil ya pasó.
Exacto. Usa estas palabras que son textuales de la grabación. El pedido ya está.
Ellos lo tienen hecho. El trámite administrativo, lo que uno piensa que es la montaña escalar. Ya está. ¡Victoria!.
Completado es el problema si la Legislatura dijo que sí por qué la placa no está en la pared porque el problema se mudó de lugar dejó de ser un tema entre Calderón y el Estado para convertirse en un conflicto entre la decisión del Estado y un particular, el obstáculo y las fuentes lo dejan clarísimo es el dueño del comercio, el propietario o el socio-propietario, la transcripción es muy específica, dice que no quiere colocar o no responde o no quiere colocarlas, está remiso en este sentido.
Y de repente todo el poder de la ley, toda la aprobación oficial se estrella contra la puerta de una casa.
A ver, eso es lo que me cuesta un poco entender.
¿Cómo puede ser un cuerpo legislativo que se supone representa la gente toma una decisión?. Sí. Y una sola persona, ejerciendo su derecho a la propiedad, puede decir: "En mi pared no", y se acaba todo. Es una colisión de trenes. Es la colisión fundamental.
Y la frustración de Calderón en el audio es la personificación de ese choque. Él lo dice de una manera brillante.¿Qué dice?-
Cuestiona la simpleza de la negativa del dueño. Dice: "No. No es el tema que sea así; que, yo no quiero que me lo coloquen y se acabó!.
Claro.
Lo que está diciendo es, no puede ser tan fácil. No puede ser que el derecho a la propiedad privada sea un veto absoluto contra una decisión que tiene un interés público, un valor cultural, de memoria.
Claro, es que la placa no es un adorno. Si la Legislatura la aprobó, es porque ese lugar significa algo para la ciudad, para la comunidad. Justamente. La historia está escrita en las paredes. Literalmente. Y aquí una persona dice: "Esta página de la historia no la escriben en mi libro!. Exactamente. El propietario está en su derecho, claro, de controlar su propiedad.
Pero la Legislatura al aprobar la placa ha declarado que ese mismo espacio físico tiene un valor simbólico que va más allá de lo privado. Es un pedazo de la ciudad que le pertenece a un individuo, sí. Pero también le pertenece a la memoria de todos. Y qué derecho pesa más, ahí. Ahí el sistema se rompe. Ahí el sistema no tiene una respuesta fácil.
Y aquí llegamos al famoso mapa extraño del que hablaba el principio, porque la solución que le proponen a Calderón es, bueno, es de locos. Uno esperaría que le dijeran: "Bueno, ahora le mandamos una carta documento al dueño, lo intimamos, una multa, algo directo o confrontativo". Sí, una acción de fuerza. Pero no. Pero no.
Una funcionaria de la Legislatura, Delia, le explica a Calderón del procedimiento. Y él se lo transmite a Anabela en la Defensoría: que ésta debía enviar una nueva nota insistiendo en la colocación de la placa.
Y el paso es éste, la propia Defensoría del Pueblo, la institución que lo está ayudando Sí. debe presentar un reclamo formal.
Espera, espera. ¿Un reclamo formal en contra de quién?. ¿Del dueño?. No. Contra la misma Legislatura que ya aprobó la placa.
A ver si entiendo. Esto suena completamente al revés.
Lo es.
La solución es que tu abogado le haga un reclamo a la misma jueza que ya te dio la razón. ¿Por qué harían algo así?
Mmm, no es contraproducente. Parece una locura burocrática.
Suena a locura, pero es una jugada de ajedrez burocrático de un nivel altísimo. Piénsalo de esta forma. Un pedido de un ciudadano es una cosa, se procesa, se aprueba y si hay un problema, bueno, queda ahí en un limbo. Queda trabado. Pero un reclamo formal de otra institución del Estado como es la Defensoría del Pueblo. Ahí se encienden otras alarmas. Ya es un problema entre pares.
Exacto.
Deja de ser el expediente de Carlos Calderón y se convierte en un conflicto interinstitucional.
Activa un protocolo completamente diferente. El caso ya no es un pedido resuelto con problemas de implementación. No. Se transforma en un conflicto a resolver. El expediente, por así decirlo, sube de categoría. Ya no lo puede gestionar un funcionario menor. Requiere una decisión de arriba.
O sea, están usando el propio peso de la burocracia para forzar al sistema a que se lo tome en serio.
Totalmente. Y el audio da detalles muy concretos de cómo hacerlo, ¿verdad?. No es sólo mandar una cartilla. Para nada. Calderón es muy preciso. Le dice a Anabela que el reclamo tiene que ir dirigido a un área específica de la Legislatura: Protocolo y Ceremonial.
Ah, mira qué específico. Y la razón es clave. Es la misma oficina que recibió el pedido original de la Defensoria.
Es como devolverles la pelota, pero con una nota que dice: "Gracias por aprobar esto, pero su decisión no se puede ejecutar en el mundo real. Ahora, por favor, díganos ustedes cómo seguimos". Es brillante en cierto modo. Cierran el círculo para obligarlos a actuar. Justo. No les dejan una escapatoria fácil. No pueden decir: "Bueno, nosotros ya cumplimos nuestra parte". No.La Defensoría les está diciendo: "No, no cumplieron hasta que esa placa esté colgada en la pared". Es un ejemplo perfecto de cómo a veces, para destrabar el sistema, no hay que luchar contra él desde afuera, sino que hay que entender sus reglas internos y usarlas a tu favor. Es encontrar esa puerta trasera, ese procedimiento excepcional que está diseñado justo para estos callejones sin salida.
La Defensoría, al hacer esto, le dice a la Legislatura: "Tu Ley crea una contradicción en la práctica, ahora es tu responsabilidad resolverla".
De acuerdo, el expediente sube de nivel, llega a Protocolo y Ceremonial con una etiqueta nueva de urgente o conflicto. ¿Y ahora qué?. ¿Qué pasa una vez que lo reciben?. ¿Qué herramientas tienen para forzar una solución donde antes no la había?. Y aquí es donde se abren dos caminos muy distintos.
Las fuentes dicen que el caso será estudiado para derivarlo a Parlamentarias o Judiciales. Bien.
Analicemos qué significa cada una de esas rutas porque son dos universos diferentes. Vale. Empecemos por la vía. ¿Qué es eso?. ¿Que lo debaten los diputados en el recinto?. Podría llegar a eso, sí, pero empieza antes.
La vía parlamentaria significa que el propio poder legislativo va reexaminar el asunto desde el punto de vista de las normas. Tienen varias opciones. Una, la más profunda, es revisar la ley original que permite poner estas placas y decir: "A esta ley le falta algo".
Un vacío legal.
Un vacío legal. No dice qué hacer si un propietario se niega, vamos a enmendarla.
Y crean un artículo nuevo que lo aclare para todos los casos futuros. O sea, usan el caso de Calderón para arreglar el sistema para siempre.
Exacto.
O podrían tomar un camino más rápido, emitir una resolución legislativa específica para este caso, dándole más fuerza legal casi como una orden directa. Es una solución desde la política, desde la creación de la ley, es más lenta, quizás, pero mucho más duradera porque crea un precedente sólido.
Vía judicial, eso ya me imagino que implica abogados y tribunales.
Completamente.
Si eligen la vía judicial, la Legislatura le pasaría el caso a sus propios abogados para que inicien acciones legales y que sea un juez el que decida. Ah. Y aquí el debate cambia. Ya no es sobre cuál debería ser la ley, sino sobre cómo se interpreta la ley que ya existe. ¿Y qué se discutiría en ese juicio?. ¿Qué se pone sobre la mesa?.El juez tendría que poner en la balanza dos derechos, el derecho a la propiedad del dueño del edificio por un lado y el interés público y el valor cultural de la placa por el otro, basándose en toda la legislación sobre patrimonio histórico, espacio público o lo que sea. El juez interpreta las leyes y dicta un fallo. Señor propietario, ¿usted está obligado a permitirlo?. O, señor Estado, usted no puede forzarlo.
Sería una solución para este caso, pero que también sentaría un precedente judicial importantísimo. Hay una frase que resume todo el propósito de esta maniobra, según le dijeron a Calderón. Es estudiar el alcance de la ley y obrar en consecuencia. Me parece que ahí está el núcleo de todo, ¿no?. No se trata de imponer algo por la fuerza. No, para nada. Sino de activar un mecanismo para que el propio sistema defina sus límites. Justamente, porque el sistema ahora mismo no tiene una respuesta.
El reclamo de la Defensoria no es sólo para ayudar a Calderón, es una movida estratégica para obligar al sistema a tener esa conversación incómoda y a producir una regla clara para la próxima vez que pase algo así.
El problema de Carlos Calderón se convierte en la oportunidad para que el Estado defina cómo se equilibra la memoria colectiva con la propiedad privada. Su caso se vuelve el caso testigo.
Entonces, si recapitulamos el viaje es es fascinante.
Partimos de un ciudadano, Carlos Calderón, con una aprobación en la mano, un éxito aparente. Se estrella contra el no de un propietario. No. Sin una maniobra burocrática que parece un paso atrás. Hacer que la Defensoría le reclame a la Legislatura que ya le había dado la razón. Exacto. Y todo esto para forzar a la Legislatura a elegir un camino, sea cambiar la ley o ir a la justicia para resolver este conflicto de fondo.
En esencia, lo que analizamos es una micro historia que funciona como un manual de instrucciones avanzado sobre cómo opera el Estado.
Sí.
Nos enseña que la burocracia, que siempre vemos como un monstruo torpe y lento, a veces tiene estos procedimientos internos. Estas puertas traseras diseñadas para resolver justo este tipo de bloqueos.
Demuestra que a veces, para avanzar tienes que usar las propias herramientas del sistema de una forma, bueno, inesperada y estratégica. Es como si el sistema tuviera su propio sistema inmune y hay que saber qué anticuerpo inyectar para que reaccione.
El reclamo de la Defensoria, ese es el anticuerpo. Esa es una gran analogía. No luchas contra la enfermedad, activas las defensas que el propio cuerpo ya tiene para que hagan su trabajo.
El caso de Calderón nos muestra que entender la burocracia No es sólo saber llenar formularios. No. Es saber cómo funciona su sistema inmune. Y para cerrar, creo que todo este recorrido nos deja flotando una pregunta.
Una pregunta que va mucho más allá del expediente de Carlos Calderón y su placa. Mmm. Cuando un espacio privado, la fachada de un edificio, una esquina, es señalado por la comunidad a través de sus representantes como un lugar con valor histórico o cultural.
¿Hasta dónde llega el derecho absoluto del dueño a controlar lo que pase en su propiedad?.
Uf, qué pregunta.
¿En qué punto exacto la memoria colectiva, la historia de una ciudad que es de todos, adquiere un derecho sobre ese espacio físico, aunque tenga una escritura a nombre de alguien?.
No hay una respuesta fácil, claro, pero es una tensión con la que nuestras ciudades van a tener que lidiar cada vez más.