¿Qué pasa cuando el patrimonio cultural roquero desaparece?. Este espacio es el archivo de la saga de la placa de la Confitería La Perla, un hito del rock nacional que la Legislatura porteña reconoció. Te contamos el paso a paso de la denuncia, la intervención de la Defensoría del Pueblo, el proyecto particular por la restitución y la intrincada situación actual. Una crónica periodística para entender la importancia de preservar nuestra identidad musical.
jueves, 1 de enero de 2026
El laberinto burocrático de una placa histórica: un conflicto entre Estado y dueño
Cuando la memoria choca con la propiedad: el laberinto burocrático para reinstalar una placa histórica en Buenos Aires
Hola y bienvenidos. Hoy es jueves 20 de noviembre de 2025.
Hoy nos vamos a meter en un laberinto. Un laberinto burocrático, pero fascinante.
Totalmente.
Imaginen esto, un ciudadano, Carlos Calderón, que lucha por colocar una placa conmemorativa y consigue lo más difícil, ¿no?. La aprobación oficial. La aprobación de la Legislatura, la luz verde del Estado, pero justo cuando llega el momento de instalarla se choca, un muro, un no rotundo.Y lo increíble de esta historia no es el muro, sino el mapa. El mapa tan extraño que le dan para intentar rodearlo.
Para reconstruir todo esto, tenemos un par de fuentes. Hay una nota de prensa que nos da el panorama general. Pero la joya, la verdadera joya es una grabación. El audio de una conversación.
Exacto. Eh, una conversación clave dentro de la Defensoría del Pueblo. Así que nuestra misión hoy es bueno descifrar juntos ese mapa.
Entender por qué el camino lógico no funciona y cómo una solución que parece ir en contra de todo sentido común podría ser la única que existe. Y el lugar donde pasa todo esto es fundamental: la Defensoría del Pueblo, el Ombudsman. Esa figura existe para eso, para ayudar al ciudadano cuando el Estado, digamos, le da la espalda o le falla.
Claro.
Pero este caso es muy particular, porque no es el Estado contra el ciudadano.
Aquí una parte del Estado le dice: Sí. Pero la realidad le dice no. Y eso nos lleva a la pregunta de fondo que está en las fuentes. ¿Qué pasa cuando la voluntad pública, o sea, una ley, una aprobación, choca de frente con el derecho de un propietario sobre su pared?.
Exacto, es un nudo gordiano.
A ver, empecemos a desenredar el primer hilo y eso nos lo da el audio. Escuchamos a Carlos Calderón llegando a la Defensoría.
Y fíjate en el detalle, no llega diciendo: "Tengo un problema general". No, no. Llega buscando a alguien con nombre, Marcela de Cultura. Es personal y para que lo ubiquen da su número de documento 11.110-330. Se lo da a otro funcionario: Ricardo, de Atención al Vecino. Ese simple acto de dar el documento ya lo hace real, ¿no? Sí, tangible. Ya no es un expediente, es una persona. Una persona con un número esperando en un pasillo.
Es que esa es la cara real de la burocracia, la que no sale en los organigramas. Hum, creemos que es un sistema abstracto de reglas, de papeles, pero en el fondo es una red de personas. El que tu trámite avance o no, depende de si Marcela está, de si Ricardo se acuerda de ti o de si la persona que toma tu caso, bueno, lo entiende.
Claro.
Calderón no está luchando contra la administración. Él está navegando una red de relaciones humanas con nombres Ricardo, Marcela, Anabela.
Y en este caso esa red lo lleva a Anabela Valencia, que las fuentes describen como también del área de Cultura, y la saluda como la dramaturga. O sea, no es la típica abogada de traje gris. No, es alguien del mundo de la Cultura. Tiene sentido. Y lo primero que le dice Calderón es: "Ya habíamos conversado en otra oportunidad". Importantísimo, porque nos dice que esta grabación no es el principio de la historia. Claro, ya hay un camino recorrido. Es un capítulo más de una saga que ya viene de largo.
Este hombre ya caminó mucho para llegar a este punto. Un camino que hasta ese momento parecía exitoso. Y es acá, en esta charla con Anabela, donde se revela el gran giro. Calderón le cuenta que viene de la Legislatura y que por ese lado ya está todo hecho. La placa está aprobada y lista. O sea, la parte difícil ya pasó.
Exacto. Usa estas palabras que son textuales de la grabación. El pedido ya está.
Ellos lo tienen hecho. El trámite administrativo, lo que uno piensa que es la montaña escalar. Ya está. ¡Victoria!.
Completado es el problema si la Legislatura dijo que sí por qué la placa no está en la pared porque el problema se mudó de lugar dejó de ser un tema entre Calderón y el Estado para convertirse en un conflicto entre la decisión del Estado y un particular el obstáculo y las fuentes lo dejan clarísimo es el dueño del edificio el propietario el propietario, la transcripción es muy específica, dice que no quiere colocar o no responde o no quiere colocarlas, está remiso en este sentido.
Y de repente todo el poder de la ley, toda la aprobación oficial se estrella contra la puerta de una casa.
A ver, eso es lo que me cuesta un poco entender.
¿Cómo puede ser un cuerpo legislativo que se supone representa la gente toma una decisión?. Sí. Y una sola persona, ejerciendo su derecho a la propiedad, puede decir: "En mi pared no", y se acaba todo. Es una colisión de trenes. Es la colisión fundamental.
Y la frustración de Calderón en el audio es la personificación de ese choque. Él lo dice de una manera brillante.¿Qué dice?-
Cuestiona la simpleza de la negativa del dueño. Dice: "No. No es el tema que sea así; que, yo no quiero que me lo coloquen y se acabó!.
Claro.
Lo que está diciendo es, no puede ser tan fácil. No puede ser que el derecho a la propiedad privada sea un veto absoluto contra una decisión que tiene un interés público, un valor cultural, de memoria.
Claro, es que la placa no es un adorno. Si la Legislatura la aprobó, es porque ese lugar significa algo para la ciudad, para la comunidad. Justamente. La historia está escrita en las paredes. Literalmente. Y aquí una persona dice: "Esta página de la historia no la escriben en mi libro!. Exactamente. El propietario está en su derecho, claro, de controlar su propiedad.
Pero la Legislatura al aprobar la placa ha declarado que ese mismo espacio físico tiene un valor simbólico que va más allá de lo privado. Es un pedazo de la ciudad que le pertenece a un individuo, sí. Pero también le pertenece a la memoria de todos. Y qué derecho pesa más, ahí. Ahí el sistema se rompe. Ahí el sistema no tiene una respuesta fácil.
Y aquí llegamos al famoso mapa extraño del que hablaba el principio, porque la solución que le proponen a Calderón es, bueno, es de locos. Uno esperaría que le dijeran: "Bueno, ahora le mandamos una carta documento al dueño, lo intimamos, una multa, algo directo o confrontativo". Sí, una acción de fuerza. Pero no. Pero no.
Una funcionaria de la legislatura, Delia, le explica a Calderón del procedimiento. Y él se lo transmite a Anabela en la Defensoría: que ésta debía enviar una nueva nota insistiendo en la colocación de la placa.
Y el paso es este, la propia Defensoría del pueblo, la institución que lo está ayudando Sí. debe presentar un reclamo formal.
Espera, espera. ¿Un reclamo formal en contra de quién?. ¿Del dueño?. No. Contra la misma legislatura que ya aprobó la placa.
A ver si entiendo. Esto suena completamente al revés.
Lo es.
La solución es que tu abogado le haga un reclamo a la misma jueza que ya te dio la razón. ¿Por qué harían algo así?
Mmm, no es contraproducente. Parece una locura burocrática.
Suena a locura, pero es una jugada de ajedrez burocrático de un nivel altísimo. Piénsalo de esta forma. Un pedido de un ciudadano es una cosa, se procesa, se aprueba y si hay un problema, bueno, queda ahí en un limbo. Queda trabado. Pero un reclamo formal de otra institución del Estado como es la Defensoría del Pueblo. Ahí se encienden otras alarmas. Ya es un problema entre pares.
Exacto.
Deja de ser el expediente de Carlos Calderón y se convierte en un conflicto interinstitucional. Activa un protocolo completamente diferente. El caso ya no es un pedido resuelto con problemas de implementación. No. Se transforma en un conflicto a resolver. El expediente, por así decirlo, sube de categoría. Ya no lo puede gestionar un funcionario menor. Requiere una decisión de arriba.
O sea, están usando el propio peso de la burocracia para forzar al sistema a que se lo tome en serio.
Totalmente. Y el audio da detalles muy concretos de cómo hacerlo, ¿verdad?. No es sólo mandar una cartilla. Para nada. Calderón es muy preciso. Le dice a Anabela que el reclamo tiene que ir dirigido a un área específica de la Legislatura: Protocolo y Ceremonial.
Ah, mira qué específico. Y la razón es clave. Es la misma oficina que recibió el pedido original de la Defensoria.
Es como devolverles la pelota, pero con una nota que dice: "Gracias por aprobar esto, pero su decisión no se puede ejecutar en el mundo real. Ahora, por favor, díganos ustedes cómo seguimos". Es brillante en cierto modo. Cierran el círculo para obligarlos a actuar. Justo. No les dejan una escapatoria fácil. No pueden decir: "Bueno, nosotros ya cumplimos nuestra parte". No.La Defensoría les está diciendo: "No, no cumplieron hasta que esa placa esté colgada en la pared". Es un ejemplo perfecto de cómo a veces, para destrabar el sistema, no hay que luchar contra él desde afuera, sino que hay que entender sus reglas internos y usarlas a tu favor. Es encontrar esa puerta trasera, ese procedimiento excepcional que está diseñado justo para estos callejones sin salida.
La Defensoría, al hacer esto, le dice a la Legislatura: "Tu ley crea una contradicción en la práctica, ahora es tu responsabilidad resolverla".
De acuerdo, el expediente sube de nivel, llega a Protocolo y Ceremonial con una etiqueta nueva de urgente o conflicto. ¿Y ahora qué? ¿Qué pasa una vez que lo reciben? ¿Qué herramientas tienen para forzar una solución donde antes no la había?. Y aquí es donde se abren dos caminos muy distintos.
Las fuentes dicen que el caso será estudiado para deribarlo a Parlamentarias o Judiciales. Okay. Analicemos qué significa cada una de esas rutas porque son dos universos diferentes. Vale. Empecemos por la vía. ¿Qué es eso?. ¿Que lo debaten los diputados en el recinto?. Podría llegar a eso, sí, pero empieza antes.
La vía parlamentaria significa que el propio poder legislativo va reexaminar el asunto desde el punto de vista de las normas. Tienen varias opciones. Una, la más profunda, es revisar la ley original que permite poner estas placas y decir: "A esta ley le falta algo".
Un vacío legal.
Un vacío legal. No dice qué hacer si un propietario se niega, vamos a enmendarla.
Y crean un artículo nuevo que lo aclare para todos los casos futuros. O sea, usan el caso de Calderón para arreglar el sistema para siempre.
Exacto.
O podrían tomar un camino más rápido, emitir una resolución legislativa específica para este caso, dándole más fuerza legal casi como una orden directa. Es una solución desde la política, desde la creación de la ley, es más lenta, quizás, pero mucho más duradera porque crea un precedente sólido.
Vía judicial, eso ya me imagino que implica abogados y tribunales.
Completamente.
Si eligen la vía judicial, la Legislatura le pasaría el caso a sus propios abogados para que inicien acciones legales y que sea un juez el que decida. Ah. Y aquí el debate cambia. Ya no es sobre cuál debería ser la ley, sino sobre cómo se interpreta la ley que ya existe. ¿Y qué se discutiría en ese juicio?. ¿Qué se pone sobre la mesa?.El juez tendría que poner en la balanza dos derechos, el derecho a la propiedad del dueño del edificio por un lado y el interés público y el valor cultural de la placa por el otro, basándose en toda la legislación sobre patrimonio histórico, espacio público o lo que sea. El juez interpreta las leyes y dicta un fallo. Señor propietario, ¿usted está obligado a permitirlo?. O, señor Estado, usted no puede forzarlo.
Sería una solución para este caso, pero que también sentaría un precedente judicial importantísimo. Hay una frase que resume todo el propósito de esta maniobra, según le dijeron a Calderón. Es estudiar el alcance de la ley y obrar en consecuencia. Me parece que ahí está el núcleo de todo, ¿no?. No se trata de imponer algo por la fuerza. No, para nada. Sino de activar un mecanismo para que el propio sistema defina sus límites. Justamente, porque el sistema ahora mismo no tiene una respuesta.
El reclamo de la Defensoria no es sólo para ayudar a Calderón, es una movida estratégica para obligar al sistema a tener esa conversación incómoda y a producir una regla clara para la próxima vez que pase algo así.
El problema de Carlos Calderón se convierte en la oportunidad para que el Estado defina cómo se equilibra la memoria colectiva con la propiedad privada. Su caso se vuelve el caso testigo.
Entonces, si recapitulamos el viaje es es fascinante.
Partimos de un ciudadano, Carlos Calderón, con una aprobación en la mano, un éxito aparente. Se estrella contra el no de un propietario. No. Sin una maniobra burocrática que parece un paso atrás. Hacer que la Defensoría le reclame a la Legislatura que ya le había dado la razón. Exacto. Y todo esto para forzar a la Legislatura a elegir un camino, sea cambiar la ley o ir a la justicia para resolver este conflicto de fondo.
En esencia, lo que analizamos es una micro historia que funciona como un manual de instrucciones avanzado sobre cómo opera el Estado.
Sí.
Nos enseña que la burocracia, que siempre vemos como un monstruo torpe y lento, a veces tiene estos procedimientos internos. Estas puertas traseras diseñadas para resolver justo este tipo de bloqueos.
Demuestra que a veces, para avanzar tienes que usar las propias herramientas del sistema de una forma, bueno, inesperada y estratégica. Es como si el sistema tuviera su propio sistema inmune y hay que saber qué anticuerpo inyectar para que reaccione.
El reclamo de la Defensoria, ese es el anticuerpo. Esa es una gran analogía. No luchas contra la enfermedad, activas las defensas que el propio cuerpo ya tiene para que hagan su trabajo.
El caso de Calderón nos muestra que entender la burocracia No es sólo saber llenar formularios. No. Es saber cómo funciona su sistema inmune. Y para cerrar, creo que todo este recorrido nos deja flotando una pregunta.
Una pregunta que va mucho más allá del expediente de Carlos Calderón y su placa. Mmm. Cuando un espacio privado, la fachada de un edificio, una esquina, es señalado por la comunidad a través de sus representantes como un lugar con valor histórico o cultural.
¿Hasta dónde llega el derecho absoluto del dueño a controlar lo que pase en su propiedad?.
Uf, qué pregunta.
¿En qué punto exacto la memoria colectiva, la historia de una ciudad que es de todos, adquiere un derecho sobre ese espacio físico, aunque tenga una escritura a nombre de alguien?.
No hay una respuesta fácil, claro, pero es una tensión con la que nuestras ciudades van a tener que lidiar cada vez más.
La batalla por la memoria del rock en Buenos Aires: cuando la propiedad privada choca con el interés cultural
La historia comenzó con la denuncia del periodista Carlos Calderón, quien descubrió que las placas habían sido arrancadas por orden directa del propietario actual, según testimonios recogidos. Acto que fue catalogado por amantes del rock y legisladores como un intento de borrar una memoria colectiva.
Este episodio pone en evidencia una laguna legal importante. La declaración de interés cultural por parte de la Legislatura, si bien reconoce el valor histórico de un sitio, carece de fuerza vinculante para obligar al propietario privado a preservar o reinstalar elementos conmemorativos.
Políticos como el ex-diputado Roy Cortina -actualmente, subsecretario de Políticas Culturales- han criticado esta situación, calificándola como "un capricho que no puede estar por encima de la historia". Sin embargo, hasta ahora no existe una regulación clara que obligue al dueño a colocar las placas.
Las voces de quienes vivieron esa época histórica también reflejan diferentes perspectivas: desde la resignación pragmática de Pipo Lernoud, hasta el compromiso activo del periodista Alfredo Rosso, y la emotiva reacción de Juan Carmona, quien siente la pérdida como un golpe personal. Estas respuestas ilustran las múltiples dimensiones del conflicto, que no es sólo legal sino también emocional y cultural.
El caso del Bar La Perla es un microcosmos del desafío que enfrentan muchas ciudades en todo el mundo: cómo preservar la historia y la identidad cultural en un entorno urbano dinámico y mayoritariamente privado.
Mientras tanto, las placas esperan en un depósito, y la lucha continúa en los pasillos burocráticos.
Tensión por la placa roquera que se retiró de modo arbitrario
Y nos vamos a meter de lleno en eso, en un conflicto por la memoria del rock argentino acá en Buenos Aires, específicamente en una esquina mítica, Avenida Rivadavia y Avenida Jujuy. El nudo del problema es súper concreto.
Dos placas conmemorativas que la propia Legislatura de la ciudad había declarado de interés cultural, simplemente se esfumaron. Y ahora hay toda una batalla para que las restituyan.
Y bueno, al analizar la crónica y los testimonios que tenemos, la idea es entender no sólo qué pasó, sino qué nos dice este, este pequeño conflicto sobre una pelea mucho más grande.
Sí, la pelea entre la memoria de todos y la propiedad privada de uno, ¿no?.
Tal cual. Es el choque entre el patrimonio de una ciudad y, bueno, el dueño de un local.
¿Qué pasa cuando el nuevo dueño de un espacio histórico, pues no valora o no le interesa el legado que tiene entre manos?.
A ver, vamos a desglosarlo porque tiene varias capas.
Empecemos por el escenario, el Bar La Perla. Para quienes no lo conocen, éste no era un bar cualquiera. Para nada. En los años 60 fue un semillero, un punto de encuentro fundamental para la génesis del rock nacional.
Totalmente. Ahí nacen historias y figuras como Tanguito, por ejemplo.
Y para marcar esa importancia, en la fachada había dos placas. Las había instalado la legislatura, reconociéndolo como sitio de interés cultural. Eran como anclas físicas de la memoria. En una ciudad que, bueno, que cambia todo el tiempo, esas placas son una declaración pública que dice, "Ojo, Acá pasó algo importante. Esto no es solo un edificio".
Claro, es parte de nuestra historia. Materializan un recuerdo que si no se podría perder, ¿viste?
Exacto.
Pero la palabra clave es había. Hoy ese local es una pizzería. De una cadena conocida, La Americana. Y las placas, bueno, ya no están.Afirma que el dueño actual la retiró y que incluso, textual -según sus consultas realizadas- se hizo el machito delante de los empleados y ordenó que las arrancaran.
Y esa palabra arrancar es fundamental.
No estamos hablando de que se cayeron con el tiempo, no. No, para nada.
Arrancar implica eh... violencia, una decisión activa, un acto de borrado. Es lo que después los amantes de rock y diputados consultados en conversaciones informales calificaron como intento de borrar una memoria colectiva.
No es un descuido, es todo una declaración.
Y frente a esa declaración, la respuesta de Calderón no fue sólo un posteo en redes, una queja al aire. No, para nada. Decidió responder pero usando las herramientas del sistema. Siguió un camino súper formal.
El primer paso fue poner una denuncia en la Defensoría del Pueblo. Y eso es clave, porque demuestra una madurez, digamos, en el activismo cultural. Ya no es sólo la protesta en la calle, es saber cómo moverse en el laberinto de la burocracia.
Totalmente.
Básicamente les dice, "Che, esto que ustedes declararon de interés cultural ya no existe. Hagan algo".
Y la legislatura también actúa. ¿Qué es lo más sorprendente?.
Las fuentes son clarísimas. Recibieron el aviso y mandaron a hacer las dos placas de nuevo.
¿Están listas?.
Fabricadas, esperando en algún lado para ser colocadas. Y para mí ese es el momento más irónico de toda la historia.
El Estado, que a menudo es lento, acá responde. Fabrica la solución material al problema. Pero esa solución, esas dos placas terminan guardadas en un depósito. Porque acá es donde la historia, que parecía ir por buen camino, se choca contra una pared. Una pared que es una sola persona.
Exacto.
Todo ese mecanismo: la denuncia, la investigación, la acción de la Legislatura, queda todo frenado por el no del dueño actual del local.
Si la frase que se repite es simple y contundente, no la quiere colocar. Fin de la discusión para él. Pero ese no tiene peso legal, o sea, es puro capricho o hay algo que lo ampare y diga: "Es mi pared, hago lo que quiero".
Esa es la pregunta del millón y al corazón de todo este lío.
Acá es donde ves la tensión. Por un lado, el derecho del dueño sobre su local. Es su fachada, ¿no? Claro.
Pero por otro tenés una declaración de la Legislatura, un acto de gobierno que le da un interés público a ese mismo espacio. El problema es que al parecer la normativa que declara un lugar de interés cultural. ¿Es más bien simbólica?. Exacto. Es más un reconocimiento honorífico que una obligación legal. No parece que puedan forzarlo a poner algo en su propiedad si no quiere.
Entonces es un limbo, un reconocimiento público que depende al final de la buena voluntad de un privado.Y ese limbo legal es lo que nos lleva a las reacciones más humanas de esta historia. Las de la gente que vivió esa época.
Claro, porque Calderón como buen periodista fue a buscar esas voces. Y las respuestas que consiguió son uf, reveladoras.Primero, habló con Pipo Lernoud. Una figura central de toda esa movida. Totalmente. Y lo encuentran en medio de un homenaje que le estaban haciendo.
Le explican toda la situación, que las placas están hechas pero el dueño no las quiere poner. Y Lernoud le responde muy cortito, "que se arregle con la Legislatura". Y a primera vista puede sonar un poco frío, ¿no?.
Sí, a mí me sorprendió. ¿Suena casi distante?. Como si no le importara, viniendo de alguien que fue protagonista de esa historia.
Yo creo que se puede leer de otra manera.
Quizás es la respuesta de alguien que ya peleó estas batallas mil veces y entiende que llegado a un punto la nostalgia ya no sirve. Se convierte en un trámite.
Claro. Su respuesta es súper pragmática. Es como decir, "Esto ya no es un problema cultural, es un problema legal. Que las instituciones que crearon la placa se hagan cargo".
Es casi un yo ya hice mi parte, que fue hacer la historia. Ahora al Estado le toca protegerla. Es una buena lectura, ¿sí?.
Y muy distinta la siguiente reacción, la del periodista Alfredo Rosso. Otro referente, periodista, musicólogo. Cuando Calderón le cuenta la historia, Rosso primero le confirma que sabía de las placas. Dice: "Sí".
Y cuando se entera de la denuncia, lo apoya al toque. "Me parece muy bien". Y como se tenía que le pide el correo electrónico para seguir el caso. La reacción de Rosso es la del cronista, del guardián de la memoria que entiende cómo funcionan estas cosas. Le pide que lo mantenga al tanto para ver cómo ayudar. Entiende que la lucha por la memoria también necesita seguimiento, persistencia.
Su apoyo no es de resignación, como el de Lernoud, sino más bien estratégico.
Claro.
Y después viene la tercera reacción, la de Juan Carmona lo corta y le dice, "Sí, la sacaron, ya lo sé. Ya estaba al tanto". Y mientras Calderón le da más detalles le pide que le escriba por redes en otro momento.
Lernoud lo ve como un problema legal, Rosso como una causa a seguir, y Carmona lo siente en el cuerpo. Esas tres reacciones te pintan el cuadro completo. Es un gran resumen de las capas del problema, ¿sí? Y nos deja donde estamos ahora, en un verdadero estancamiento.
Las placas existen, están guardadas en algún depósito de la Legislatura, el dueño se niega.
Y Carlos Calderón no se rinde. Le dijeron que tiene que volver a la Defensoria del Pueblo para empezar otro reclamo. La pelea sigue, pero en el laberinto burocrático. Y este caso que parece chiquito, es un microcosmos perfecto de un desafío que tienen las ciudades en todo el mundo.
¿Cómo preservás una memoria intangible? La historia cultural, los movimientos sociales.
En espacios físicos que son privados y cambian todo el tiempo.
Claro, un bar se convierte en pizzería, una librería en una tienda de ropa y con cada cambio te arriesgas a que la capa anterior de historia se borre. Es una lucha constante contra la amnesia urbana.
De hecho, una de las ideas más interesantes que sale de los documentos es esta sugerencia de revisar la normativa. La idea de que quizás la ley que permite poner estas placas debería ser más fuerte, ¿no?.
Claro, para que la memoria no quede a merced de un cambio de firma o del humor del dueño de turno. Exacto, porque la situación actual deja en evidencia Y esto nos lleva a la pregunta de fondo que nos deja este caso, una que va mucho más allá de dos placas y un bar. Esa es la pregunta.
En definitiva, ¿Dónde se traza la línea entre mi pared y nuestra historia? Es que es una línea muy fina. Si obligás a un particular, ¿dónde para el poder del Estado?
¿Te podrían obligar a poner una placa en la puerta de tu casa si un personaje histórico vivió ahí hace 200 años?. Suena suena invasivo. Quizás la distinción está en la naturaleza del espacio. No es lo mismo una casa particular que un local comercial, un espacio que por definición es de acceso público y forma parte del tejido de la ciudad de otra. Claro, es parte del paisaje público. Al operar un negocio en la esfera pública, no se adquieren también ciertas responsabilidades cívicas.
El debate de fondo es si la declaración de interés cultural debería ser sólo un honor o si debería funcionar como una pequeña obligación que viene con la propiedad de un lugar históricamente importante.
Una obligación de ser el custodio de un pedacito de la memoria colectiva, aunque no te interese o ni siquiera te guste.
Tal cual. Es una idea potente.
La pregunta de si una pared puede ser al mismo tiempo enteramente privada y parcialmente pública.
Un dilema sin respuesta fácil, que es exactamente donde esta historia está ahora.
..........................................................
Abrazo roquero del Este mendocino
...........................................................
El laberinto burocrático de una placa histórica: un conflicto entre Estado y dueño
VER PODCAST IA VIDEOS Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Noticias IPI) En el corazón de Buenos Aires, un conflicto aparentemente sencillo ha...
-
VER PODCAST IA VIDEOS Una confitería emblemática, un dueño reticente, la gestión de la Defensoría del Pueblo y la lucha de un ciudadano para...
-
VER PODCAST IA VIDEOS Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Noticias IPI) En el corazón de Buenos Aires, un conflicto aparentemente sencillo ha...
-
VER PODCAST IA VIDEOS Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Noticias IPI) Hola y bienvenidos. Hoy es jueves 20 de noviembre de 2025. Hoy nos va...











